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Chenjiagou, la aldea de 2.500 habitantes donde nació el tai chi hace 350 años, se transforma en un destino turístico sin perder su carácter tradicional

El 95% de la población de esta aldea de la provincia china de Henan conoce y practica tai chi. Un nuevo museo, hoteles y escuelas internacionales conviven hoy con los campos de maíz y trigo que rodean el lugar desde hace siglos.

✍️ Administrador 📅 26 de July de 2026 ⏱ 4 min de lectura 👁 0 visitas
Vista de la aldea china de Chenjiagou con campos de maíz, un museo moderno al fondo y un anciano practicando tai chi, representando el origen y la transformación turística de la cuna del tai chi

La aldea donde nadie puede escapar del tai chi

Escondida durante generaciones a lo largo de carreteras secundarias polvorientas del condado de Wenxian, en la provincia china de Henan, la aldea de Chenjiagou —también conocida como la Aldea Chen— se yergue hoy entre campos de maíz y trigo bien cuidados, a apenas 5 kilómetros de la sede del condado y unos 35 kilómetros de la ciudad de Jiaozuo. Fue aquí donde, a mediados del siglo XVII, el general retirado Chen Wangting, noveno descendiente de la familia Chen, combinó su entrenamiento marcial con su experiencia militar y elementos de la filosofía china tradicional para crear lo que hoy se conoce como tai chi. Desde entonces, once generaciones de descendientes directos han seguido viviendo y enseñando en el mismo lugar.

El dato que mejor resume el carácter único de Chenjiagou es sencillo: aproximadamente el 95% de sus cerca de 2.500 habitantes conoce y practica tai chi, más allá de sus actividades agrícolas cotidianas. La escuela local de tai chi es, según describen quienes la visitan, el auténtico corazón de la comunidad. De aquí salieron, entre muchos otros, Yang Luchan —fundador del estilo Yang, cuya casa original todavía se conserva en el pueblo— y Wu Yuxiang, fundador del estilo Wu, que estudió en la vecina aldea de Zhaobao. Maestros de Chenjiagou son enviados regularmente incluso al legendario templo Shaolin para instruir a sus alumnos, algunos de los cuales terminan convirtiéndose en guardaespaldas profesionales.

De carretera polvorienta a "Meca del tai chi"

En las últimas dos décadas, Chenjiagou ha experimentado una transformación notable que combina la preservación de su carácter rural con una prosperidad creciente ligada al turismo y a la formación internacional. El centro del pueblo alberga hoy el Museo del Taiji, un edificio de varias plantas con una estatua de Chen Wangting y un enorme símbolo del taiji trazado en el suelo, junto al Museo de Yang Luchan y varias academias que reciben un flujo constante de estudiantes procedentes de toda China y del resto del mundo, entre ellas la Chen Bing Taiji Academy. Un nuevo hotel, tiendas de ropa y equipamiento de práctica, y una torre recientemente construida son visibles ya desde la distancia al aproximarse al pueblo, en marcado contraste con el paisaje rural que definió Chenjiagou durante siglos.

Pese a estos cambios, quienes visitan la aldea describen que su corazón tradicional permanece relativamente protegido, "como el ojo de un huracán en calma" en medio de los vientos de transformación que la rodean. Las calles están hoy flanqueadas por casas de huéspedes que ofrecen instrucción privada de tai chi con estancias de medio y largo plazo, y varias de las escuelas de la aldea funcionan como auténticos internados que combinan la educación reglada con un enfoque intensivo en tai chi para alumnos de entre 5 y 18 años, además de atender también a adultos de todas las edades y procedencias.

Los guardianes vivos del linaje

Entre los grandes maestros contemporáneos vinculados a Chenjiagou destacan Chen Xiaowang, decimonoveno descendiente de la familia y heredero directo del linaje del estilo Chen, nieto del gran maestro Chen Fake, y Chen Zhenglei, también decimonoveno descendiente y undécima generación en línea directa del Taijiquan de la familia Chen, ambos reconocidos internacionalmente como transmisores vivos de la tradición original. Su presencia continua en la aldea —y sus viajes constantes para enseñar en escuelas de todo el mundo— ilustra cómo Chenjiagou ha logrado algo poco habitual entre los lugares de origen de las grandes tradiciones culturales: seguir siendo, tres siglos y medio después, un lugar donde el linaje que dio origen a una práctica global continúa transmitiéndose de forma directa, generación tras generación, en el mismo terreno donde todo comenzó.

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