Entre el bullicio de Pekín, el tai chi resiste como refugio de calma junto al Templo del Cielo: el maestro Chen Haitao, heredero de la 12ª generación, mantiene viva la tradición
Un reportaje reciente de Associated Press retrata cómo, cada mañana, jubilados y practicantes de todas las edades se reúnen en los parques de la capital china para practicar formas de mano vacía y espada, en contraste con el ritmo acelerado de la vida urb
La escena que se repite cada amanecer en el corazón de Pekín
Cada mañana, en un parque cercano al Templo del Cielo, en Pekín, decenas de personas —en su mayoría jubilados de sesenta años en adelante— se reúnen para practicar tai chi entre los árboles, antes de que el calor y el ritmo frenético de la ciudad se impongan sobre el día. Un reportaje fotográfico reciente de Associated Press documentó esta escena a mediados de julio de 2026: mujeres practicando con espadas, parejas de ancianos moviéndose en sincronía, practicantes solitarios absortos en la forma y grupos que, al terminar, comparten una charla y algo de beber a la sombra. "El ambiente es genial y el aire también es bueno", resumía Ye Guirong, de 64 años, una de las practicantes retratadas, sobre el entorno arbolado que rodea la sesión diaria.
Entre los protagonistas del reportaje figura Chen Haitao, descrito como el heredero de la 12ª generación del estilo Chen de tai chi, quien imparte clases en Pekín y fue fotografiado supervisando a uno de sus alumnos durante una sesión de práctica a mediados de julio. La presencia de un heredero directo del linaje familiar que dio origen al tai chi en una clase urbana corriente ilustra un fenómeno central de la disciplina en la China contemporánea: la transmisión del conocimiento no ha quedado confinada a las aldeas de origen en Henan, sino que se ha extendido con naturalidad a las grandes metrópolis, sin perder el vínculo directo con los linajes históricos que documentan y certifican la autenticidad de cada estilo.
Un patrimonio con reconocimiento oficial creciente
El tai chi —o taijiquan— fue inscrito en diciembre de 2020 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, doce años después de que un primer intento de candidatura fuera rechazado por el organismo. La UNESCO describe la práctica, surgida a mediados del siglo XVII en el distrito de Wenxian (Henan), como un ejercicio físico caracterizado por movimientos circulares relajados, control de la respiración y una actitud mental de neutralidad y ecuanimidad, profundamente influida por el taoísmo, el confucianismo y las teorías de la medicina tradicional china. Sus movimientos básicos se guían por el wubu ("cinco pasos") y el bafa ("ocho técnicas"), y se intercalan con el tuishou, el empuje mutuo de manos entre dos participantes.
El reconocimiento no ha quedado congelado en 2020: en marzo de 2025, tres figuras de la familia fundadora —Chen Peiju, Chen Xiaoxing y Chen Bing—, presentadas por la ciudad de Jiaozuo (provincia de Henan), fueron incluidas en la sexta lista de portadores representativos del patrimonio cultural inmaterial nacional publicada por el Ministerio de Cultura y Turismo de China, un reconocimiento oficial a quienes preservan y transmiten activamente la técnica original del estilo Chen.
Un calendario internacional cada vez más activo
Más allá de China, la práctica organizada del tai chi ha ganado también presencia competitiva internacional: en abril de 2026, la ciudad búlgara de Burgas acogió los Campeonatos Mundiales de Taijiquan 2026, organizados por la Federación Internacional de Wushu (IWUF) junto con la Federación Búlgara de Wushu, reuniendo a delegaciones de numerosos países en el pabellón deportivo "Mladost". En España, el Día Mundial del Tai Chi y el Chi Kung se celebra cada año a finales de abril con sesiones colectivas abiertas al público en plazas y espacios municipales, una tradición que refleja cómo esta práctica centenaria sigue tendiendo puentes entre la aldea china que la vio nacer y las plazas de medio mundo donde hoy se practica cada mañana.